Religión e identidad sexual
A pesar de esta iniciativa de la APA, una de las organizaciones más conocidas que promueven la posibilidad de cambiar la orientación sexual es Exodus, bajo el lema “Líbrate de la homosexualidad a través del poder de Jesucristo”. Su presidente, Alan Chambers, dice haber él mismo superado la atracción hacia el mismo sexo. Sus afirmaciones se basan en un estudio de seis años de personas que fueron al programa de terapias reparativas de Exodus y más de la mitad se convirtieron a la heterosexualidad o se desidentificaron de la homosexualidad al abrazar la castidad.
Nos parece que asumir que la castidad puede ser una solución para cambiar de orientación sexual es sólo una falacia, un escape y una tara para el desarrollo saludable de la persona humana. Por otro lado, habría que conocer los métodos utilizados para juzgar qué es lo que invita a estas personas a ir en contra de sus vivencias y deseos interiores. Si bien la postura de la APA intenta ser mediadora y conciliadora, nos parece que la posición de organizaciones como Exodus merecen una respuesta contundente y tajante de parte de quienes supuestamente velan por la salud de los seres humanos y una vigilancia que no permita ningún atropello a la integridad física y mental de quienes padecen un conflicto entre credo y deseo.
De otro lado, queda en evidencia, una vez más, el encasillamiento de la Iglesia, en postulados arcaicos que niegan todo contacto con la realidad, que son ciegos a lo que ocurre a las personas de carne y hueso, en el día a día. Sino, no se puede explicar que a pesar de las cifras se siga justificando la muerte de millones de mujeres en el mundo por abortos mal practicados, que en lugares seguros no tendrían ningún daño para su salud; se siga defendiendo el derecho de un violador a irrumpir en la vida y en el cuerpo de mujeres, por un dudoso y sospechoso sentido de la vida que respeta sólo aquella erigida desde el Falo (simbólico y real); se siga renegando de mujeres que optan por la prostitución dado que la sociedad no las acepta en ninguna de sus otras esferas y se les condene a la violencia, a los atropellos, a la marginación; se niegue a los seres humanos la posibilidad de amar y ser amados por otros como ellos, por quienes colmen sus deseos y expectativas, sin el imperativo de la reproducción; se siga rechazando en aras de una idea superior, lo que los hombres y mujeres quieren, buscan, sueñan, creen.

